martes, 6 de diciembre de 2011

Zozobra

   "Como los barcos, los hombres zozobran una y otra vez".
   Zozobrar y zozobrar, y siempre zozobrar. El dulce latigazo del agua en los costados. La muerte aleteando, reptando, clavando una gélida mirada sobre la inexistente coraza de los corazones.
   Quizá los que cada domingo llenan los estadios, o los que hacen cola una vez al mes para cobrar el subsidio de desempleo, o aquella chica que abre las piernas por el precio de medio gramo de heroína; o tal vez el taxista que aguarda paciente, con la colilla del puro en los labios, a que alguien abra la puerta de su automóvil con la intención de desplazarse a otro lugar, apenas un centímetro de vida; tal vez ellos, y tal vez todos ellos, lleven consigo una respuesta ignorada... Mas todos zozobramos. Todos flotamos en una inefable y terrible incoherencia.
   Pesadamente, comienzo a desnudarme mientras alguien -Alicia- deja caer la aguja del tocadiscos sobre el negro vinilo habitado por estridencias eléctricas. Cuando corro las cortinas, la bofetada solar queda reducida a multitud de dispersas huellas dactilares. El maullido de los gatos se ha atrincherado en la casa de Géminis y el trino de los pájaros ha venido a ocupar el lugar que antes tuviera la voz de los felinos.
   Como los barcos, me dejo vencer por el sueño. La vida ha acabado un día más; una vez más me voy, me ausento...

© Alejandro Frías

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