sábado, 2 de julio de 2011

Aprender a quererte
como el beso lento
del hombre desnudo
a la dulce arquitectura.

Tu sonrisa es la paz
de la puerta abierta,
el arañazo del gato que alimento
con el licor que un Dios desconocido
ha derramado en la alfombra de mi aliento.

La soledad que tengo
es una soledad contigo,
un cabaret de risas y de besos,
de uñas inquietas y brazos amarillos.

Es una soledad
-la soledad contigo-
de trenes viejos y toros en la arena,
de toros bravos y trenes con estrellas.


© Alejandro Frías.

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